
¿Viajando a Valencia y Cuenca?
Que hacer y que no hacer

En Septiembre de 2003 mi esposa y yo hicimos un viaje a Valencia
y Cuenca
. A nosotros no nos gustan los
viajes organizados y preferimos viajar a nuestro aire, porque pensamos que es la única
manera de entrar en contacto con el verdadero país y sus gentes. Este modo de viajar es
mas duro y mas caro que otros, pero también mas agradable, relajante y te da un punto de
vista diferente de la cultura y forma de vivir.
De mi experiencia aquí tienes mis
consejos si planeas viajar por tu cuenta a Valencia o a Cuenca. Ten presente que
esto no es una guía de viaje, ni pretende serlo. Son solo mis observaciones
sobre nuestro viaje. Quiero dejar
claro que este es MI PUNTO DE VISTA PERSONAL y que de ninguna manera es
mi intención el criticar a la gente o la cultura Valenciana / Conquense. También
debes tener en cuenta que son mis observaciones del año 2003. Las cosas
pueden haber variado (para bien o para mal) desde entonces.
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"Clic" en los enlaces del mapa para ver algunas fotos de la zona en
mi álbum de fotos.
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Muy
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- La idea principal de este
viaje era visitar la Ciudad de las Artes y las Ciencias de
Valencia
, pero para
completar el viaje también decidimos pasar unos días adicionales de descanso en Cuenca, zona
que no había visitado desde mi adolescencia.
- Al llegar al aeropuerto de Valencia recogimos el coche de alquiler de
"Europa Rent a Car" que habíamos reservado por Internet en Amigos
Autos
. Al hacer la reserva por este
método el precio fue
realmente excelente y no tuvimos ningún problema.
- En Valencia
estuvimos tres días, hospedados en "casa Encarnín"
(Tía de Trini, mi esposa), por lo que no puedo dar referencias de hoteles.
- Los dos primeros días los dedicamos a visitar la Ciudad
de las Artes y las Ciencias
. El primer
día dedicado exclusivamente a l'Oceanografic
, con sus excelentes instalaciones e impresionante acuario,
sin olvidar su refinado (y carillo) Restaurante Submarino
. Y el
segundo día para visitar el Museo de las Ciencias
(especialmente interesante
para ir con niños, pero poco atractivo para los adultos) y
l'Hemisferic
(Que contiene un planetario y cine IMAX).
- A pesar de la relativa decepción que me causaron tanto el museo como el
cine, lo cierto es que vale la pena ir aunque solo sea para ver el
absolutamente impresionante conjunto arquitectónico
formado por los
edificios del Museo, l'Hemisferic, l'Umbracle y el Palacio de las artes (Aun
en construcción cuando estuvimos nosotros)
- El tercer día lo dedicamos a visitar la ciudad de Valencia
. De la mano de
tía Encarnín visitamos las zonas mas típicas del caso antiguo, de las que
me llamó mas la atención (por su tipismo) la Plaza Redonda. Aunque sin
desmerecer otros lugares como el Palacio del Marques de Dos Aguas (Sede del
Museo de Cerámica), la Lonja de la Seda, el Mercado Central o la Catedral,
con su famosa torre conocida como El Miguelete.
- A la hora de comer, y dada mi insistencia en degustar un buen Arroz a la
Cazuela, nos llevaron al restaurante La Riuà
,
especializado en arroces (En Valencia se hacen muchos tipos de platos con
arroz, aparte de la archiconocida paella)
- Al final de la tarde y para recuperarnos de la caminata nos fuimos a la famosa Horchatería
Daniel
, en Alboraya (El
autobús te deja justo a la puerta) para probar
su famosa horchata y fartones (dulce típico Valenciano)
- El siguiente día partimos hacia Cuenca, con la idea de hacer paradas en
Villanueva de la Jara y en Alarcón. Villanueva de la Jara
es un bonito
pueblo con una hermosa plaza mayor de concepción renacentista, que bien
se merece un paseo por sus calles.
- La parada en Alarcón
también es
obligada. Las calles de esta pequeña villa, declarada monumento histórico-artístico, se recorren en poco tiempo, y la visita a su Castillo
(Actualmente utilizado como Parador Nacional de Turismo) es una buena excusa
para empezar a habituarse a la gastronomía de la zona, en el excelente
restaurante del parador
(situado en una estancia dentro del propio
castillo), donde se puede empezar con unas Patatas Viajeras y terminar con
cualquier otra delicia regional.
- La siguiente parada fue la propia ciudad de Cuenca
. Allí nos alojamos en
el Parador Nacional
(Convento de San Pablo), auque la primera noche la
tuvimos que pasar el Hotel Torremangana
, por estar el Parador completo.
La opción del Parador Nacional no es ciertamente barata, pero su ubicación
excepcional (a pocos minutos a pie del centro, pero a la vez lejos del
bullicio), su carácter histórico (Es un edificio del sigo XVI) y la excepcional
vista sobre la hoz del río Huecar y las Casas Colgadas, merecen el
rascarse el bolsillo.
- La ruta por la ciudad de Cuenca
nos llevó, desde el Parador, atravesando
el río Huecar por el puente de hierro, hasta las archiconocidas Casas
Colgadas y de ahí a la cercana Plaza Mayor, centro de todas las rutas turísticas
por la ciudad antigua. A mi particularmente lo que me gusto
mas fue la subida hacia el barrio del Castillo, con su excepcional vista
de la ciudad y de los ríos Jucar y Huecar (que la rodean).
- La Catedral (con su peculiar fachada, fruto de múltiples reconstrucciones
a lo largo de la historia) también merece una visita, junto con su
museo.
- En la Plaza Mayor se puede comer en el restaurante de mismo nombre
. Un cordero
o cochinillo asado vienen bien para animar el cuerpo después del
"pateo" matutino. El local, a pesar de tener una clara vocación turística
(como todos los de esa zona de la ciudad) conserva un toque de
tipismo que el viajero (menda) sabe agradecer.
- Los dos días siguientes, para descansar las piernas, nos dedicamos a
visitar en coche la Sierra de Cuenca
,
llevándome la agradable sorpresa
de encontrarla prácticamente tan salvaje como cuando estuve en ella de
acampada a finales de los 70.
- La ruta del primer día nos llevo por la sierra norte, pasando por Priego,
Solan de Cabras y Beteta
(con sus fantásticos bosques de coníferas salpicados por los amarillos de los
árboles de hoja caduca), por el nacimiento del rio Cuervo
y luego hacia
Poyatos y Las Majadas a través de estrechas carreteras que se internan
solitarias en el bosque, donde aun es frecuente cruzarse con ciervos y jabalíes. Una ruta muy recomendable para relajarse y gozar de
espectáculo de la naturaleza. En la última parte del recorrido no hay
demasiados restaurantes (ni gasolineras), así que hay tenerlo presente a la
hora de organizarse, y no hacer como quien yo me se, que estuvo a punto de
terminar empujando el coche ;-)
- Un sitio que puedo recomendar, auque implique desviarse algunos Km.
es Vega de Codorno, curioso pueblo formado por múltiples "barrios"
alineados a lo largo de la carretera y formado cada uno por unas pocas
casas. En el Barrio de los Eustaquios está la Pensión-Restaurante El Chopo
,
donde por un precio de los antes se puede comer un abundante y casero menú (Artatunos, Morteruelo, Cordero Asado, Caldereta de Ciervo...)
en un ambiente familiar.
- El segundo día de ruta por la Sierra nos llevo a la Ciudad Encantada
(visita
obligada si se viaja a Cuenca) y por la carretera que discurre paralela
al Jucar hacia Tragacete, uno de los pueblos mas importantes de la serranía
Conquense donde, por no desentrenar el estomago se puede hacer un
alto en el restaurante El Gamo
para degustar una Sopa Castellana y un Cochinillo (por ejemplo...). Al gran
restaurante/bar
situado enfrente de la entrada de la Ciudad Encantada (al otro lado de la
carretera) NI ACERCARSE, es caro y el trato no cumple ni con los mínimos
exigibles en un establecimiento hostelero.
- En plena Serranía esta el Parque del Hosquillo (Reserva Nacional de
Caza), donde es posible observar múltiples animales en estado salvaje
(incluso osos, con mucha suerte), pero para nuestra desgracia se requiere
de autorización previa para poder acceder, cosa que no supimos hasta el
ultimo momento y por lo tanto nos quedamos con las ganas..
- El viaje de vuelta a Valencia lo hicimos con tranquilidad, pasando por las
Torcas de los Palancares
(Impresionantes hundimientos del terreno debidos
a derrumbes de cuevas subterráneas, algunos de ellos llenos de agua) y deteniéndonos
también en las ruinas de la ciudad medieval de Moya
. Cita
inevitable de románticos empedernidos y entre cuyos múltiples edificios
cubiertos por la vegetación no te sorprendería encontrar el
espectro de Lord Byron paseando su melancolía.